SANTA MARAVILLAS Y CLAUNE:

«UN GRAN BROCHE PARA UNA MADRE SANTA»

A finales de 1973, el instituto pontificio CLAUNE –Claustros Necesitados–, dirigido por el padre claretiano Gerardo Escudero, se encontraba en un grave apuro. Era esta una gran obra de asistencia y apoyo a las monjas de clausura; entre otras, la atención médica, operaciones, tratamientos, consultas para aquellas que lo necesitasen, procurándoles, además, un ambiente de recogimiento y silencio. Santa Maravillas llevaba esta empresa muy en el corazón desde hacía años, y en ocasiones había ayudado al padre con generosos donativos.

El 26 de noviembre de 1973, el claretiano había informado a la Madre, priora de La Aldehuela, para pedirle la valiosa ayuda de sus oraciones y las de su comunidad:

«Ahora estamos en una necesidad muy grave. Nos dicen que tenemos que abandonar el local donde tenemos la clínica de CLAUNE. Es un grave contratiempo. No queremos dejar ese servicio a muchos conventos no solo por el ahorro que eso les supone a muchos de ellos, sino también porque, cuando las monjas enfermas quieren continuar en su enfermedad su vida contemplativa, tienen oportunidad de hacerlo».

Pero las obligaciones de las Navidades y, sobre todo, el empeoramiento serio de su salud a principios de enero, impidieron a la Madre responder a aquella carta. Así las cosas, a finales de febrero escribió esta vez sor Anunciación Albizu, religiosa hospitalaria y enfermera que colaboraba estrechamente con el padre. Era la encargada de sanidad en la clínica de CLAUNE, que provisionalmente ocupaba un pabellón en el «Asilo de la Beata María Ana de Jesús», de hermanas hospitalarias de Madrid. Sor Anunciación ahora venía a explicar detalladamente a la Madre Maravillas aquella situación, y solicitaba su ayuda, porque debían abandonar próximamente aquel pabellón: «El acudir a usted es para ver si nos pudiera dar alguna pista, en orden a encontrar terreno en Madrid o alrededores, que serían unos mil metros cuadrados. Tenemos a la vista una casa muy aparente donde poder colocar inmediatamente más camas de las que ahora tenemos aquí, unas veinticinco, y todo lo demás; pero piden treinta millones de pesetas y apenas contamos con unos diez. Tal vez, si encontráramos quien nos prestara dinero, nos decidiríamos a comprarla, pero creo que ni los bancos, ni cajas de ahorros nos prestan. Madre, ¿ustedes sabrían a dónde podríamos acudir para conseguir un empréstito así, con unos intereses asequibles? Si nada de esto les es posible, no sufra, Madre, encomiéndelo a Nuestro Señor y seguiremos esperando en la divina providencia». Es bien conocido cómo se preocupó la Santa, en cuanto pudo, de resolver esta urgente necesidad. Fue Mª Victoria Gandarias, hermana de la madre Dolores de Jesús, supriora de La Aldehuela, quien hizo una generosísima donación de unos terrenos suyos en Pozuelo de Alarcón (Madrid). Y, además: «Fue el monasterio de La Aldehuela el que pagó todo», afirmaba sor Anunciación en su declaración en el Proceso: una moderna clínica para monjas de clausura y una residencia para señoras. La Madre Maravillas le dio toda clase de facilidades para que la edificación fuese enteramente a gusto de CLAUNE y según sus necesidades: «Quisiéramos que el edificio –le escribía sor Anunciación– tuviese un aspecto de convento, con algún motivo en la fachada, por ejemplo, alguna cruz o forma de cruz. ¡Ojalá nos den ustedes alguna idea! Lo mismo queremos por dentro».

Un recuerdo que conservó la religiosa hospitalaria sobre la sencillez y desprendimiento con los que la Santa acogió esta petición, lo narraba así en el Proceso: «Cuando ya habíamos recibido la conformidad de la Madre para construir la clínica, con los medios de que ella disponía, nos ofrecieron a CLAUNE las religiosas jerónimas de El Goloso una casa ya edificada, que además se adaptaba muy bien a las necesidades que entonces nosotros teníamos en CLAUNE. Como no queríamos aprovecharnos de lo que nos había ofrecido la Madre, nos consideramos en el deber de ir a decirle que le agradecíamos mucho su generosidad y desprendimiento, pero que las religiosas jerónimas nos habían dado el edificio para instalar allí CLAUNE. Y así se lo manifesté a la madre Dolores en el locutorio del convento de La Aldehuela. Y cuál fue mi sorpresa cuando, después de haber hablado con la Madre Maravillas, volviendo al locutorio me dijo que aquella se alegraba muchísimo. Y esto me edificó, porque podía haber suscitado en ella un sentimiento de pena al ver que eran otras comunidades religiosas las que se llevaban la gloria de CLAUNE.

 

 

Posteriormente surgieron nuevas dificultades con respecto al convento de las jerónimas que en un principio nos habían querido ceder. Y nuevamente tuvimos que recurrir a la Madre, la cual nos recibió con la misma naturalidad y caridad, y puso otra vez a disposición nuestra lo que antes nos había ofrecido».

Los trámites lentos, los proyectos de los arquitectos, la solicitud de los permisos se sucedían en estos meses, que iban pasando demasiado rápidamente. Y la construcción de los edificios no comenzaba. Entonces un día, sin duda inspirada por Dios, pidió la madre Dolores a Manuel Martín Mulas, el constructor: «Ponga en los terrenos la caseta de las herramientas; que estando la caseta está hecha la obra». Y así fue. Muy poco antes de su muerte, Santa Maravillas tuvo la alegría de que no solo «estaba puesta la caseta, sino la bodega ya excavada». Son palabras de Manuel Martín Mulas, que añadía este precioso testimonio: «Y desde el cielo podrá ver su obra totalmente terminada. Un gran broche para una Madre santa que se pasó la vida pensando en los demás».

El nuevo complejo se llamó «Madre Maravillas». El 7 de enero de 1976 se comienzan a pasar citas médicas. Y, el 3 de septiembre de 1976 se toma posesión del edificio. Por fin, el 11 de noviembre se trasladan las religiosas y monjas que quedaban en la antigua clínica, y se reciben dos señoras pensionistas. Se destinaron veintidós habitaciones individuales de la nueva residencia para las monjas que por prescripción médica debían pasar largas temporadas de convalecencia. El 11 de diciembre, fecha en la que se cumplía el segundo aniversario de la muerte de la Madre Maravillas, se celebró la primera misa en la capilla de la clínica.