El pasado 10 de julio de 2026 falleció el padre José Ma Casado –a quien todo el mundo
conocía como padre Chema–, a consecuencia de un infarto.
Profesó en el Carmelo Descalzo en 1986. Durante diez años estuvo destinado en Cuba, donde realizó un fecundo apostolado. En 2014 se trasladó al Carmelo de La Aldehuela para bendecir dos imágenes de Santa Maravillas que serían colocadas en las iglesias de los padres carmelitas descalzos de La Habana y Matanzas. A este momento corresponde la imagen inferior.

En 2016, el padre Chema escribía desde La Habana a La Aldehuela, tras haber entronizado las dos imágenes en sus respectivas iglesias de Cuba:
«Lo que Dios quiera, como Dios quiera, cuando Dios quiera».
Con estas palabras de Santa Maravillas comienzo desde La Habana (Cuba), esta pequeña crónica de lo vivido entre las gentes de esta isla caribeña.
Todos tendemos a explicar las cosas, los sucesos, lo que vivimos y aquello que nos mueve. La verdad es que no hay palabras humanas para hablar de la acogida, cariño, devoción que se tiene a Santa Maravillas de Jesús en Cuba, sí, Cuba. No es una provincia, o una zona; es Cuba.
Santa Maravillas nunca estuvo en Cuba. ¡Quién podría imaginar que calase de la manera que ha calado esta hermana del Carmelo, que dejó este mundo en el silencio del monasterio de La Aldehuela!

El caminar con estas gentes de Cuba te permite descubrir cómo son los habitantes de esta bella isla, cuál es su sensibilidad humana, religiosa, cómo se ha ido configurando su
andadura histórica. Santa Maravillas es para muchas de estas gentes la monja carmelita que les ayuda en los laberintos de la vida, la monja que les habla de Cristo y les devuelve la confianza, y les da la certeza de que Dios es Palabra auténtica, certera y segura. Ella es catequista, misionera de muchos corazones.
Me comentaba una persona que en algunos de los hospitales de Matanzas reparte estampas de Santa Maravillas, y que invita a los enfermos a encomendarse a la Madre. Nadie rechaza este auxilio y protección; y lo más curioso es que la gente busca a esta persona, le piden la estampa de la Santa. No sólo creyentes. Son muchos que no conocen la Iglesia y, después de salir del hospital, se acercan a nuestra iglesia donde está su imagen y se quedan mirando, pidiendo, entrando finalmente en la Iglesia católica. No es fácil entender esto para quien no vive en estas tierras, en esta Iglesia.
En nuestra iglesia del Carmen de La Habana es difícil ver la imagen de la Madre Maravillas sin flores, sin devotos que acuden a ella. Hace poco, visitando a una persona enferma en su casa, me decía su hija:
«¡Me alegro tanto de que esté la imagen de Santa Maravillas aquí…! Yo la tengo mucha devoción». Y me contó su experiencia –ciertamente, la obra de Dios por medio de Santa Maravillas–; y es que la comunión de los santos es cierta y eficaz.
Uno de nuestros seminaristas, al verme un día un libro de Santa Maravillas, me dice: «Padre, yo descubrí la vocación por ella». Y así podría seguir y seguir.
Lo más importante es que ella está evangelizando, ha salido a la periferia de estas tierras y ha roto las barreras del tiempo y de la historia para ser testigo de la presencia de Dios. Su forma de evangelizar es desde la sencillez y desde su testimonio de vida. Así la sienten las gentes de Cuba.
En La Habana y Matanzas hemos vivido jornadas hermosas.
Mons. Domingo Oropesa presidió en La Habana el día de su fiesta. El que escribe estas líneas lo hizo en Matanzas, con la iglesia a rebosar. Los coros se esmeraron en la parte musical, y ambas comunidades de padres carmelitas arroparon con su presencia estas celebraciones.
La presencia de Santa Maravillas ha dado luz a un proyecto en favor de niños y familias: «Sembrando alegrías». Ella es la inspiradora de este proyecto de evangelización mediante la cultura y formación humana y cristiana. Ella guiará esta obra y nos protegerá, para acompañar a estos niños y niñas en el campo de la formación humano-cristiana. Las suyas son familias que no conocen la Iglesia, generaciones que no saben nada de Cristo, y que ahora, mediante un proyecto educativo, lo están haciendo. Con ellos celebraremos, el próximo 11 de diciembre, la fiesta de la Madre Maravillas. Tenemos pensado concursos, distintas actividades para que conozcan a quien guía sus pasos hacia el Corazón de Jesús. El proyecto comenzó con ocho niños, y el día de hoy son cuarenta. A ella encomendamos esta tarea. A ella, que es cubana. Por eso, estamos también pensando en peregrinar, con la reliquia de la Madre, por las comunidades de devotos suyos, que ya van siendo numerosas.
Santa Maravillas nunca tuvo pasaporte ni billete para estas tierras, y ahora las gentes de estas tierras la sienten suya: ¡cuánto obrará en tantos y tantos corazones! Cuánto bien hará en esta tierra de Cuba, donde la huella de España es fuerte y querida.
P. José Ma Casado, o.c.d.

Descanse en paz.